A comienzos de 1930, la producción de caucho estaba
monopolizada por los ingleses y holandeses, que aprovechando la escasez de éste
en América, lo comercializaban a muy altos precios. El magnate de los
automóviles, Henry Ford, necesitaba millones de neumáticos para sus autos.
Harto de pagar sobreprecios, Ford decidió empezar a producirlo, y para esto se
le ocurrió una faraónica idea: crearía en América la mayor planta de producción
de caucho del planeta.
Henry Ford compró 25.000 km² de terreno en la selva
brasileña, a orillas del río Amazonas. Desde los Estados Unidos salió una flota
de barcos llevando maquinaria pesada para la remoción de tierras, excavadoras,
casas prefabricadas, etc. Cientos de trabajadores arrasaron en poco tiempo la
vegetación y comenzaron a construir Fordlandia en el corazón de la selva.
La fábrica producía incipientemente caucho en la selva amazónica, y las
cosechas eran enviadas a las fábricas de neumáticos en los Estados
Unidos. Sin embargo este majestuoso proyecto fracaso por la invención del
caucho sintético. Hoy, Fordlandia descansa en el corazón del Amazonas,
frecuentada tan sólo por unos pocos granjeros y algún turista ocasional, un
ejemplo solitario de la arrogancia de la América industrial.
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